Historias de sobrevivientes
7 de mayo, de 2024 • 5 Min

Aceptación de la lucha: mi batalla contra el cáncer de páncreas

Deanna Burney

Pancreatic cancer patient Deanna Burney
  • Antecedentes familiares de cáncer de páncreas
  • No es considerada de alto riesgo a pesar de los antecedentes familiares
  • Diagnóstico en estadio III
  • Tratamiento en curso que incluye un procedimiento de Whipple, quimioterapia y radioterapia

Desde que me enteré de mi diagnóstico de cáncer de páncreas en estadio III el 12 de diciembre de 2021, me despierto cada día con mi peor pesadilla.

Yo también tengo cáncer de páncreas, al igual que mi madre y mi abuelo, que murieron a causa de esta enfermedad. A veces parece que lo más duro de tener cáncer de páncreas es ser consciente todo el tiempo de tener la enfermedad.

Pero mientras intento desesperadamente darle algún sentido a esto, también estoy encontrando mecanismos de afrontamiento que me ayudan a superar la mayor lucha de mi vida, así como lecciones que podrían ayudar a otras personas. Le dije a Dios que todavía tenía trabajo que hacer aquí en la tierra. ¡Necesito vivir!

Reflexión

Mi diagnóstico de cáncer de páncreas llegó a una velocidad tan rápida que me dejó la cabeza dando vueltas. A pesar de la presencia de un quiste en el páncreas, al mes recibí un certificado de buena salud y me dijeron que volviera al cabo de un año. Pero, al mes siguiente, sentí molestias que me preocuparon y mi médico de cabecera me envió al hospital, donde, después de realizarme pruebas, me diagnosticaron cáncer de páncreas en estadio III (el quiste se había transformado en cáncer). Ha sido muy difícil aceptar que había señales de advertencia meses antes de que me diagnosticaran el cáncer, y me ha costado dejar de lado los “y si…” y dejar de concentrarme en los errores. Aunque no se encontraron componentes genéticos en mi análisis de la línea germinal, deberíamos haber prestado más atención a mis fuertes antecedentes familiares de cáncer de páncreas.

Creo que la conversación que tuve después con mi gastroenterólogo plantea cuestiones fundamentales. Me dijo que “no hay forma de predecir si un quiste crecerá rápido o despacio… no es una ciencia exacta” y que sus recomendaciones eran “de acuerdo con las pautas de práctica actuales”. ¿Por qué algunos médicos se basan solo en pautas establecidas sin tener en cuenta las características específicas del paciente que tienen delante? Tal vez estas pautas pueden funcionar para un paciente común, pero yo no soy un paciente común, debido a mis antecedentes familiares de cáncer de páncreas. Los médicos deberían mucho ser más proactivos cuando sea necesario. Aunque no sea una “ciencia exacta”, ¿cómo va a mejorar si los médicos no aprenden de la experiencia? ¿En qué momento cambian las pautas en función de los desenlaces de los pacientes?

También dijo que mi caso “desafía toda explicación”. Si mi situación no sigue el curso esperado, ¿cuál es la técnica para informar de ello y ajustar los protocolos en consecuencia? Quizá lo que aprendan de mi experiencia pueda ayudar a otras personas en el futuro, para que ellos tampoco se queden al margen.

Lecciones

Aportará un significado especial a mi experiencia si conduce a cambios en los protocolos y en la forma en que los médicos abordan casos como el mío, o si fomenta la concienciación de que las personas deben convertirse en sus propios defensores y hacer presión para que se tomen más medidas si ellas también detectan signos tempranos de cáncer o si tienen un riesgo elevado, aunque las pruebas genéticas no revelen nada. Esto es especialmente importante para pacientes que son mujeres, ya que el sistema médico muchas veces sigue desestimando sus preocupaciones como poco importantes.

Debido a mis factores de riesgo, ahora sé que mi médico debería haber pedido una resonancia magnética con y sin contraste cada tres meses. Esto hubiera permitido identificar mi cáncer en un estadio mucho más temprano, lo que me habría dado más posibilidades de recuperación.

Ahora tengo la suerte de contar con un gran equipo médico de oncología dirigido por la Dra. Ursina Teitelbaum del Abramson Cancer Center de Penn Medicine (Filadelfia, Pensilvania). Estoy en mi tercer año de una lucha diaria. Sigo pasando por múltiples tratamientos, comenzando con la cirugía de Whipple, seguida de meses de quimioterapia y luego un ciclo de seis semanas de radiación diaria. Estuve en remisión, pero cuando me vieron una mancha en el hígado, me sometieron a más radiación y luego a un tratamiento de quimioterapia. La mancha en el hígado desapareció, pero ahora el cáncer se ha diseminado y en la actualidad estoy bajo tratamiento con otro ciclo de medicamentos de quimioterapia. Hasta ahora he recibido los siguientes tratamientos de quimioterapia: FOLFIRINOX, FOLFOX, gemcitabina, Abraxane y capecitabina. Quiero aprovechar todas las opciones para luchar contra esto.

Apoyo

El apoyo de mis seres queridos ha sido absolutamente esencial para mantener mi fortaleza, reducir la culpa que sentía y aumentar mi optimismo durante esta batalla. Hay personas en particular que se destacan para mí, incluidos amigos que cocinan para mí para mantener mi energía alta, un querido amigo que se ha convertido en mi “entrenador del cáncer”, en función de su propia experiencia, y mi “entrenador espiritual” que reza por mí y me envía escrituras y canciones para darme ánimos y fuerza.

A veces, el apoyo consiste en simples actos de amabilidad, como el de un amigo que vino a pasar la aspiradora y limpiarme la cocina. O la gente del camión de frutas donde me tomo un batido todos los días, que siempre me pregunta cómo estoy. O la joven de la cafetería que me regaló un collar cuando se enteró de lo que estaba pasando.

Me queda mucho por hacer en esta vida, ¡y pienso quedarme para hacerlo todo! Espero que en el proceso también pueda ayudar a otros a defenderse ante sus médicos para que les diagnostiquen lo antes posible y a cultivar la fuerza para superar sus propias batallas.