Antes y después: mi cáncer de páncreas

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• La ictericia conduce a un diagnóstico repentino
• Me informé antes de la cirugía de Whipple
• El cáncer en los ganglios linfáticos conduce a un ensayo clínico

“Los resultados de las pruebas indican claramente que usted tiene un tumor en el páncreas, muy probablemente un adenocarcinoma”.

Pregúntele a cualquiera que haya recibido un diagnóstico de cáncer y lo más seguro es que puedan decirle el día, la fecha y, muy posiblemente, la hora en que les dieron la noticia. ¿Cuál fue mi día del juicio final? El 19 de diciembre de 2013.

El Día de Acción de Gracias de 2013, comencé a sentirme un poco cansado. Recuerdo que pensé que no era nada grave. Trabajaba a tiempo completo, jugaba al tenis tres veces a la semana y me divertía en las fiestas de fin de año. ¿Quizás tenía una gripe leve? El 13 de diciembre de 2013 (un viernes), mi esposa notó que tenía los ojos un tanto amarillos.

Mi orina era más oscura de lo normal, por lo que programamos una cita para consultar con un médico el lunes, 16 de diciembre de 2016. Después de hacerme análisis de sangre (los números que arrojaron las pruebas funcionales hepáticas tenían niveles muy altos), una ecografía y una tomografía computarizada, me ingresaron en el Reading Hospital el 17 de diciembre. Al día siguiente, después de una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (ERCP), me dijeron: “tiene el páncreas inflamado y agrandado. Podría ser un tumor, pero también podría ser pancreatitis. Me colocaron un stent para permitir que la vesícula drene. Mañana le haremos más pruebas”.

Esa noche y al día siguiente estuve muy enfermo (debido a la bilis. . . el retrete quedó obstruido, por así decirlo). El 19 de diciembre, me hicieron una EUS para obtener una imagen ecográfica de la zona bien de cerca. Se tomaron raspados del conducto biliar para ver si había evidencia de células cancerosas. El diagnóstico inicial fue un adenocarcinoma de páncreas en estadio I, sin sospechas de afectación de los ganglios linfáticos o las arterias. PUM. Mi vida había cambiado.

Nos aconsejaron que me sometiera a un procedimiento quirúrgico de Whipple lo antes posible. ¿Un Whipple? ¿Como en el Sr. Whipple? ¿Quieren que un vendedor de papel higiénico me corte y me saque esta cosa de adentro? Despacio, debemos aprender sobre esto y educarnos, RÁPIDO.

Más información sobre el Whipple

¿Quién debería realizar el Whipple (duodenopancreatectomía)? Con la ayuda de amigos, familia y contactos profesionales, nos enteramos de que se trata de un procedimiento abdominal de extrema complejidad, equivalente a una cirugía a corazón abierto. La historia del Whipple se remonta a la década de 1930 y al Dr. Allen O. Whipple. El procedimiento sufrió muchas modificaciones con el paso de los años, pero hasta muy recientemente tenía una constante tasa de muerte en el quirófano del 30 por ciento y una calidad de vida poco favorable para una cantidad considerable de las personas que sobrevivían la cirugía.

En la década de los 90, el Dr. John Cameron del Johns Hopkins Hospital (Baltimore, Maryland) revisó el procedimiento. Los índices de mortalidad actuales son del 1 al 2 por ciento, lo cual se asemeja a otras cirugías abdominales. La mayoría de los cirujanos generales tienen algo de experiencia con el Whipple y llevan a cabo varios procedimientos o incluso docenas de ellos a lo largo de su carrera profesional. En marcado contraste, observé que el Dr. Cameron había realizado prácticamente 2000 procedimientos de Whipple y a él le seguían los cerca de 1500 del Dr. Charles J. Yeo (Jefferson Hospital, Filadelfia, Pensilvania) y, luego, los casi 700 del Dr. John P. Hoffman (Fox Chase Cancer Center, Filadelfia). Tanto Yeo como Hoffman se capacitaron bajo la tutela de Cameron. Hoffman le había realizado un Whipple a la madre de un amigo cercano.

Para mí, la opción era clara: elegir un cirujano con mucha experiencia. Por ello, el 24 de diciembre consulté con el Dr. Hoffman, quien me dijo: “Usted tiene un tumor en el páncreas. Ciertamente estas no son buenas noticias, pero lo detectamos temprano. Usted es un hombre con mucha suerte en un grupo de personas con muy mala suerte”. Me realizaron la cirugía de Whipple el 31 de diciembre de 2013. ¡Feliz Año Nuevo! La cirugía fue un éxito y tenía márgenes libres de tumor. Pero el informe de patología reveló que cuatro de 15 ganglios linfáticos dieron positivo al cáncer. El diagnóstico final fue adenocarcinoma de páncreas, en estadio II, T3N1.

Próxima parada: ensayo clínico

La patología anticipada del tumor era estadio I sin afectación de los ganglios linfáticos o las arterias. Si no hubiera habido afectación de los ganglios linfáticos o las arterias, mi tratamiento adyuvante (postquirúrgico) hubiera sido el tratamiento convencional actual en aquel entonces, que consistía en radiación del cuerpo entero durante un mes y seis meses de gemcitabina (nombre comercial: Gemzar). Dado que mi tumor era más agresivo de lo esperado, el Dr. Hoffman sugirió que buscáramos protocolos de tratamiento alternativos. Más investigación.

Rápidamente descubrimos que, incluso con un diagnóstico de cáncer en estadio I, el tratamiento convencional ofrecía una tasa de supervivencia a cinco años de alrededor de un 5 por ciento, por lo que un diagnóstico en estadio II tendría peores probabilidades, ¿no es cierto? Necesitaba más investigación. Debía investigar más a fondo, pensar creativamente. Debía encontrar un ensayo clínico con un martillo más grande. Suena fácil, ¿verdad? No lo es. Es increíble el volumen de información relacionada con los tratamientos para el cáncer de páncreas. . . existen literalmente cientos de ensayos con todo tipo de combinaciones posibles de los diferentes tratamientos de quimioterapia y radiación. Curiosamente, había cierta información disponible, aunque no mucha, en relación con los tratamientos de inmunoterapia.

Dado que esta enfermedad normalmente se detecta en una fase tardía (en estadio III o IV), la gran mayoría de los ensayos que revisamos se centraban en tratamientos que intentaban extender la vida del paciente en semanas o meses. Nuestra búsqueda finalmente me condujo a Johns Hopkins Pancreas Multidisciplinary Cancer Clinic y a un ensayo clínico basado en la teoría de que un día en un futuro no muy lejano, el cáncer de páncreas se pueda detectar de forma temprana. El ensayo fue el primero de su clase que se dirigía a pacientes con cáncer de páncreas resecable en estadio I o II (como yo) y que trataba a los pacientes en estadios tardíos con protocolos que eran eficaces para extender su vida. El régimen incluía seis meses de FOLFIRINOX, cinco días de SBRT (radioterapia corporal estereotáctica) y varias dosis de la vacuna de inmunoterapia GVAX (un medicamento original de Johns Hopkins), un tratamiento de vanguardia desarrollado para reforzar el sistema inmunitario de los pacientes para que reconozca e inhiba el desarrollo de las células del cáncer de páncreas. El Dr. Hoffman dijo: “Si yo estuviera en su situación y me aceptaran en este ensayo, renunciaría a mi trabajo y me mudaría a Baltimore para someterme al tratamiento”. Me evaluaron y me ofrecieron participar en el ensayo, menos de ocho semanas después del diagnóstico inicial.

Se trataba de un ensayo pequeño, con dieciocho pacientes en total, dirigido por el Dr. Joseph M. Herman (un oncólogo radiólogo que ahora trabaja en MD Anderson Cancer Center en Houston), la Dra. Ana De Jesus-Acosta (oncología médica) y la Dra. Elizabeth Jaffee (inmunología). Resulta interesante que la Administración de Medicamentos y Alimentos (Food and Drug Administration, FDA) insistió en que los pacientes 1, 2 y 3 del ensayo no recibieran la vacuna GVAX (esto tenía que ver con que no les gustaba que hubiera tres variables en una ecuación, por lo que solo hubo quince candidatos). El día en que me ofrecieron participar en el ensayo, los pacientes 4, 5 y 6 no habían podido finalizar el régimen de quimioterapia y el paciente 7 había muerto debido a una embolia pulmonar el día después de recibir el primer tratamiento con GVAX. Por lo tanto, allí estaba yo, el paciente 8, en un ensayo con alto riesgo, pero con los grandes martillos que había estado buscando. A decir verdad, los siguientes 11 meses fueron agotadores desde el punto de vista físico y emocional, pero llegué al final y fui el primer candidato en terminar con éxito el ensayo.

Aquí y ahora

Más allá de una fea cicatriz en el abdomen y neuropatía en zonas de los pies y los dedos de los pies, no tengo otros efectos secundarios residuales como consecuencia de mi tratamiento y he retomado mis actividades normales. A diferencia de la mayoría de los pacientes que se han sometido a un Whipple, no tengo problemas digestivos ni tengo que tomar Creon con las comidas.

Como comentario final, acepté sin dudar la oferta de Johns Hopkins de recibir vacunas GVAX de refuerzo semestrales “hasta la recurrencia o la muerte” y aquí estoy, en agosto de 2018, casi cinco años después de la extirpación, exhalando un poco, porque tal vez he vencido a “La Bestia”.