Un hombre muy afortunado

- Pérdida de peso e ictericia dan lugar al diagnóstico de estadio IV
- Quimioterapia con FOLFIRINOX
- Uso compasivo de Saltikva, un tratamiento en investigación
- SBRT para tratar una recurrencia
Soy un hombre muy afortunado.
Tengo la suerte de haber tenido buenos padres y una buena educación, de haber nacido cuando nací, de tener un padre que sobrevivió al Día D y de tener una buena esposa. Ahora, a mis 74 años y casi tres años y medio después de que me diagnosticaran cáncer de páncreas metastásico, tengo la suerte de sentirme bien la mayoría de los días y de poder hacer todo lo que quiero.
El de la bata blanca
Durante la mayor parte de mi vida, yo era el de la bata blanca. Después de más de treinta años como urólogo, uno se siente cómodo en los hospitales: conoce los pasillos, el lenguaje y da por sentado que siempre estará del lado del médico. Eso fue así hasta la primavera de 2023, cuando empecé a bajar de peso sin intentarlo y, casi de un día para otro, perdí el apetito. Perdí 60 libras (unos 27 kilos). Sabía lo suficiente como para preocuparme antes de que nadie dijera nada.
Poco después fui a ver a mi médico. Observó que tenía los ojos amarillos y me internó en el hospital ese mismo día. Los estudios por imágenes revelaron un tumor de 3.3 cm que obstruía el conducto colédoco, y una biopsia confirmó que tenía cáncer de páncreas. Fui a Mayo Clinic, donde una laparoscopia reveló que el cáncer ya se había diseminado al peritoneo. Volví a Minneapolis, donde me atendía mi oncólogo, y comencé la quimioterapia con FOLFIRINOX. La supervivencia promedio era de unos ocho meses. Mi esposa y yo consultamos con un médico de atención paliativa y actualizamos nuestros testamentos.
¿Derivado a un ensayo clínico por… un veterinario?
El resto de mi tratamiento llegó de forma inesperada. En julio de 2023 mi esposa llevó los perros al veterinario, quien le preguntó cómo estaba la familia. Cuando ella le contó de mi diagnóstico, el veterinario se emocionó y le habló de un medicamento que se usaba en perros con osteosarcoma y que ahora se estaba estudiando en personas con cáncer de páncreas. Esa noche busqué información al respecto, encontré resultados alentadores de un ensayo de fase II de una terapia llamada Saltikva, desarrollada por la compañía Salspera, y les escribí un correo electrónico a los fundadores. Aprobaron el uso compasivo: un tratamiento experimental, no un ensayo clínico formal. Recibo Saltikva a través del Programa de Acceso Ampliado de la compañía. Lo tomo por vía oral después de cada infusión de quimioterapia, y no he tenido efectos secundarios adicionales.
Interés por la ciencia
Como urólogo jubilado, me interesó la ciencia detrás de este nuevo tratamiento. Saltikva es una cepa de salmonela genéticamente modificada, no tóxica, que se concentra en las células del cáncer de páncreas y hace que produzcan IL-2, una molécula conocida por su capacidad para combatir el cáncer. Recordaba la IL-2 de los primeros años de mi carrera, cuando se empezó a usar para tratar el cáncer de riñón metastásico. Se administraba por vía intravenosa en dosis altas y tóxicas, pero algunos pacientes se curaron. Me llamó la atención el hecho de que se concentrara dentro del propio tumor, en lugar de diseminarse por todo el cuerpo. La idea no me resultaba tan extraña como les parecería a otros; desde 1980 los urólogos utilizan BCG, una bacteria debilitada, para tratar el cáncer de vejiga.
Al principio recibía quimioterapia cada dos semanas, y últimamente cada tres. Tuve la suerte de poder tolerarla. Durante unos cuatro días después de cada infusión, tengo poco apetito y me siento cansado, pero luego vuelvo a la normalidad: trabajo en el patio, me relajo en el jardín y el estanque koi, y sigo disfrutando de una barra Klondike muchas noches. Viajamos unas seis veces al año, y cada tres meses me someto a un procedimiento breve, una ERCP, para mantener despejado el stent biliar. Gracias a este tratamiento, pude ver nacer a mi nieto. Yo nunca tuve un abuelo, así que significó mucho para mí.
Tomografías normales
A los ocho meses de comenzar el tratamiento, mis exámenes de imagen y marcadores tumorales estaban normales, y el tumor original ya no se detectaba. En agosto apareció un tumor de 1 cm en el mismo lugar, sin signos de diseminción, y el 8 de septiembre comencé cinco sesiones de radioterapia corporal estereotáctica (SBRT).
Mi oncólogo me recomienda que siga con mi quimioterapia actual y con Saltikva, a menos que la enfermedad avance. No estoy seguro de qué parte de mi buena suerte se debe a la quimioterapia, qué parte a Saltikva y qué parte a la suerte. Solo sé que tuve mucho más tiempo que los ocho meses que me pronosticaron, y más de lo que parecía posible hace una década.
Agradecido por más años buenos
Al tener cáncer de páncreas metastásico, sé que no estoy curado y que, al final, perderé esta batalla. No me interesan los tratamientos agresivos que quizás me den unos meses más de vida a costa de un gran deterioro en cómo me siento todos los días. Pero, sinceramente, soy un hombre muy afortunado: estoy agradecido por haber disfrutado de más años buenos de los que esperaba y por la oportunidad de contar esta historia, por si le sirve de ayuda a alguien más que esté pasando por el mismo diagnóstico.