Historias de sobrevivientes
16 junio, 2026 • 5 Min
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Una mirada al pasado y al futuro

Roberta Luna

Pancreatic cancer long term survivor Roberta Luna, with long blond hair and a red shirt

Esta primavera, Let's Win celebró su décimo aniversario.

Les pedimos a los miembros de nuestro Consejo Consultivo de Pacientes que reflexionaran sobre los cambios que han observado en los últimos 10 años y sobre lo que les gustaría ver en el futuro. No hubo dos respuestas iguales. En las próximas semanas, las iremos compartiendo.

Iniciamos esta serie con una reflexión personal de Roberta Luna, sobreviviente desde hace 24 años. Roberta no solo resume su recorrido personal, sino que también ofrece una visión de cómo era la situación, cómo es ahora y cómo podría ser en el futuro para los pacientes con cáncer de páncreas.

¿Qué cambió?

¿Qué cambios observa en el cáncer de páncreas en los últimos 10 años?

Al reflexionar sobre los últimos 10 años, veo algo por lo que muchos de nosotros, en la comunidad de personas afectadas por el cáncer de páncreas, hemos luchado con todas nuestras fuerzas: la esperanza.

Cuando me diagnosticaron en 2002, había muy pocas opciones de tratamiento, poca concientización pública y no había muchos sobrevivientes a largo plazo en quienes inspirarme. En la actualidad, aunque el cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tipos de cáncer más difíciles de tratar a los que nos enfrentamos, creo que hemos logrado avances significativos.

Hay una mayor conciencia al respecto. Cada vez más personas comprenden la urgencia de encontrar una cura para esta enfermedad. La investigación está ampliando nuestro conocimiento sobre la genética, los biomarcadores, la detección temprana y la medicina de precisión. Los ensayos clínicos están brindando oportunidades que no existían hace años, y los pacientes cuentan con más información y recursos a su disposición para ayudarles en su recorrido.

Ayúdeme a encontrar un experto en cáncer de páncreas cerca de donde vivo.

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Lo que más me inspira es la fuerza de nuestra comunidad. Los sobrevivientes, los cuidadores, los defensores de los pacientes, los investigadores, los médicos y organizaciones como Let's Win Pancreatic Cancer se unieron con un propósito común: garantizar que los pacientes y sus familias tengan acceso a información confiable, historias inspiradoras, investigaciones prometedoras y, lo más importante, esperanza.

Hace una década, la tasa de supervivencia a cinco años para el cáncer de páncreas se mantenía obstinadamente en cifras de un solo dígito. Hoy en día, gracias al esfuerzo incansable de defensores de los pacientes, la investigación, los avances clínicos y la determinación de innumerables pacientes y familias, esa cifra ha aumentado al 13 por ciento. Aunque un 13 por ciento sigue siendo una cifra demasiado baja, esos números representan a personas reales: madres, padres, parejas, hijos, amigos y seres queridos. Cada punto de ese porcentaje representa más momentos preciosos, más metas alcanzadas para celebrar y más tiempo compartido que quizá no habría sido posible hace apenas diez años.

Como alguien que ha vivido con cáncer de páncreas durante más de 24 años, soy testigo directo del impacto que pueden tener los avances. He visto a más personas vivir durante más tiempo, a más familias encontrar apoyo y he encontrado más motivos para creer que el mañana puede ser mejor que el presente.

Los próximos 10 años

Cuando pienso en los próximos diez años, mi esperanza es simple, firme e inquebrantable.

Por supuesto, mi mayor esperanza es que algún día nadie tenga que escuchar las palabras: “Tiene cáncer de páncreas”. Pero hasta que llegue ese día, quiero que cada paciente que reciba ese diagnóstico sepa que hay esperanza. Quiero que sepan que hay tratamientos eficaces, opciones reales y todas las razones para creer en su futuro.

Espero que veamos métodos confiables para la detección temprana, tratamientos más personalizados y menos tóxicos, un acceso más amplio a los ensayos clínicos y tasas de supervivencia significativamente mejores. Quiero que la supervivencia se convierta en la norma y no en la excepción.

Por encima de todo, espero que las generaciones futuras hablen del cáncer de páncreas no como uno de los tipos de cáncer más mortales, sino como una enfermedad que se puede detectar a tiempo, tratar de manera eficaz y, en última instancia, curar. Quiero que la frase “sobreviviente de cáncer de páncreas” sea algo común, no una rara excepción. Quiero ver una realidad en la que a ninguna familia se le diga que ya no quedan opciones. De aquí a diez años, espero que recibir un diagnóstico ya no esté asociado al miedo y a la sensación de que todo está perdido, sino que sea el comienzo de un camino claro y viable, con confianza, una excelente calidad de vida y la expectativa real de una cura.

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Quiero ver un futuro en el que a ningún paciente ni a ninguna familia se le diga jamás que ya no quedan opciones. Un futuro en el que cada diagnóstico venga acompañado de un plan de acción claro, acceso a tratamientos eficaces y un equipo comprometido con ayudar a los pacientes a vivir más tiempo y con una mejor calidad de vida.

Dentro de diez años, espero que un diagnóstico de cáncer de páncreas ya no provoque miedo e incertidumbre, sino confianza, apoyo y una esperanza genuina. Imagino un mundo en el que los pacientes no solo sobrevivan, sino que también vivan con plenitud: que vivan una vida plena con la expectativa de que el cáncer de páncreas pueda tratarse con éxito y, algún día, curarse.

Hemos recorrido un largo camino en la última década. El progreso puede no ser siempre tan rápido como nos gustaría, pero es real. Y si hay algo que esta comunidad me enseñó, es que la esperanza es poderosa.

Juntos, estamos ayudando a escribir un nuevo capítulo en la historia del cáncer de páncreas: uno lleno de más opciones, más sobrevivientes y más mañanas.