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Viva la vida

pancreatic cancer patient Dean Jackson and his family at Grand Canyon

• Múltiples síntomas llevaron a un diagnóstico de cáncer de páncreas
• Quimioterapia con FOLFIRINOX
• Radiación
• Procedimiento de Whipple

Nada lo prepara a uno para perder a un ser querido. Nada puede llenar el vacío que queda en el corazón cuando esa persona ya no está.

Lo sé porque en octubre de 2006 mi hijo Gage, de cinco años, murió de una enfermedad sanguínea autoinmune en University of Iowa Hospitals & Clinics (Iowa City). En enero de 2019, 18 meses después del diagnóstico, mi madre, de 77 años, murió de cáncer de páncreas.

En marzo de 2019, yo estaba en mi hogar en Cedar Rapids, Iowa. Había vuelto de un viaje donde la pasé muy bien, pero me sentía mal físicamente. Tenía bajo apetito, picazón en la piel, insomnio, pérdida de peso e ictericia. Hice cita con mi médico de cabecera pensando que tendría una solución rápida. Tenía 52 años y estaba bastante bien de salud: ¿qué tan malo podía ser? Mi médico estaba convencido de que era hepatitis C. Seis semanas después, los síntomas eran intolerables. Traté frenéticamente de autodiagnosticarme.  Me hice pruebas para el virus del Nilo Occidental, malaria, enfermedad de Lyme, cirrosis, pancreatitis, diverticulitis, etc.

Después de ocho semanas de pruebas y síntomas cada vez peores (había perdido hasta 40 libras, alrededor de 18 kilos) todavía me sentía mal. Programé una consulta en el Departamento de Salud Digestiva de UIHC y la asociada médica certificada Stephanie Dee se sorprendió cuando vio mis ojos amarillos. Después de hacerme más pruebas, me enviaron rápidamente al departamento de emergencias. Ahí supe que había dado con la persona indicada. Finalmente, alguien quería HACER algo en vez de esperar y ver qué pasaba. En el lapso de dos días ya me habían hecho una ecografía, una tomografía computarizada y una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (ERCP), realizada por el gastroenterólogo Dr. Fred Johlin.

Una semana después, mi esposa y yo nos reunimos con el Dr. Johlin, quien me dijo que habían detectado una masa en la cabeza del páncreas (adenocarcinoma). El diagnóstico era cáncer de páncreas en estadio IIb.

El Dr. Johlin me explicó que los medicamentos que estaba tomando y la ERCP probablemente me habían hecho sentirme mejor que en las ocho semanas anteriores. Y me recomendó que recordara esa sensación porque “cuando se sienta mal, querrá recordar cómo era sentirse genial”. También me recomendó que no me rindiera frente a contratiempos, que no bajara la guardia ni creyera que había gando al recibir buenas noticias, que siguiera luchando y mantuviera una actitud positiva. Luego el Dr. Johlin me derivó al Dr. Daniel Berg para quimioterapia, al Dr. Joseph Caster para radiación y al Dr. Carlos Chan para cirugía.

Tratamiento un paso a la vez

El Dr. Chan me explicó que planeaba hacerme la operación de Whipple, pero no hasta dentro de seis a nueve meses. Parecía una eternidad, pero sabía que primero había que reducir el tamaño del tumor con quimioterapia y radiación.

El Dr. Berg me explicó todo sobre la quimioterapia con FOLFIRINOX, el centro de infusión de UIHC y la importancia de la alimentación, el ejercicio y de tener una buena actitud. Estaba muy motivado: después de salir de su consultorio, fui a la tienda de comestibles y llené mi carrito con artículos para mi nueva dieta de superalimentos. Empecé a caminar todos los días y levantar pesas. Comencé mi primera ronda de quimioterapia el 18 de junio. En el centro de infusión conocí a personal de la farmacia del hospital, dietistas y nutricionistas, asesores genéticos (me enteré de que mi cáncer no era hereditario a pesar de que mi madre había muerto por el mismo tipo de cáncer), defensores de pacientes, voluntarios del centro de cáncer y muchos enfermeros increíbles. El mantra era siempre el mismo: “mantener una actitud positiva y rodearse de personas positivas”. Toleré la quimioterapia bastante bien. De hecho, quería hacer lo que fuera para vencer el cáncer… Quería hacerlo.

Después de la quimioterapia, el Dr. Caster inició la radioterapia con láser MRI-Linac. Me preguntó cuáles eran mis expectativas y le dije: “Quiero que vaya con todo. Queme cada partícula de cáncer de mi cuerpo y no se preocupe por mí: quiero vivir”. En las siguientes seis semanas recibí 26 tratamientos de radiación. El Dr. Chan me hizo la operación de Whipple el 12 de febrero de 2020, también con gran éxito. El informe patológico reveló que gracias a la radiación, el tumor maligno se había reducido a una pequeña masa de células muertas del tamaño de la mina de un lápiz.

Siguiente paso: volver a la vida normal

Los efectos secundarios del tratamiento no fueron graves porque nunca dejé que lo fueran. A pesar de las náuseas, la fatiga, los niveles sanguíneos bajos, la neuropatía, la pérdida del cabello y el dolor de la cirugía, todo valió la pena. El único medicamento que tomo hoy es Creon (enzimas).

Consulto con el Dr. Chan antes de hacer actividades que no quiero perderme: eventos deportivos nacionales, paseos en moto, viajes de caza y pesca, montar a caballo por las Montañas Rocosas, irme de vacaciones con mi familia y mucho más. Cuando le pregunto si puedo hacer algo, su respuesta es siempre la misma: “SÍ, viva la vida, no deje que el cáncer defina quién es o qué hace”. Él y todos en UIHC han sido amables, comprensivos y positivos durante el tratamiento.

En junio de 2022 cumplí dos años sin cáncer, y me siento muy bien. El Dr. Chan me animó a compartir mi historia con otras personas que podrían estar pasando por una situación similar. Con grupos como Let's Win PC y el personal de UIHC, vencer el cáncer de páncreas se está convirtiendo en una realidad.

Dean Jackson y su familia


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