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Marchando contra el cáncer de páncreas

Pancreatic cancer patient Chad Handley, his family and dogs, outdoors with fallend leaves

• Inicio del tratamiento con 5-FU
• Un ensayo clínico en otro hospital
• Complicación importante y cirugía
• Quimioterapia con gemcitabina y Abraxane

En junio de 2019 fui al hospital porque tenía dolores en el pecho que pensé que estaban causados por la ansiedad.

Me sometí a numerosas pruebas, incluida una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, o ERCP, una terrible sonda que hacen bajar por la garganta y pasa por todos los órganos. Mediante la sonda, los médicos pudieron raspar el tumor que había hecho que la vesícula dejara de drenar y me estaba causando un dolor inmenso en el pecho.

El 10 de junio, después de pasar cuatro días en el hospital, que incluyó el noveno cumpleaños de mi hija el día anterior, el médico entró y nos dio a Jen y a mí la noticia que sabíamos que llegaría, aunque era una noticia para la que nunca nadie está preparado. El médico entró y dijo: “Su tumor es un adenocarcinoma de páncreas”.

Jen y yo lloramos mucho. Estaba más disgustado por haber arruinado el cumpleaños de mi hija que por cualquier otra cosa y solo podía pensar en acompañar a nuestros hijos el mayor tiempo posible. Los dos sollozábamos. Y estábamos asustados. Recuerdo que le dije que estaría presente en la boda de Darby y todavía hoy mantengo ese objetivo. Les dije a muchos amigos y familiares que “hoy podemos llorar, pero mañana tenemos que luchar”, y creo que lo hemos logrado.

Al día siguiente llegué a casa, con sondas y bolsas de drenaje adheridas al cuerpo que usaron para mi procedimiento. Jen y yo nos sentamos con nuestros hijos y les hablamos sin rodeos. Les dije la verdad. “Papá tiene cáncer, papá necesita mucha ayuda para solucionar esto, pero vamos a dar todo lo que tenemos. Y no conocemos el futuro”. Mis hijos en realidad no lo entendieron. Todos lloramos. Mucho.

Cirugía primero

Comencé el tratamiento en St. Vincent’s en Indianápolis. Tenía programada una cirugía con uno de sus cirujanos, pero ni a mi esposa ni a mí nos pareció adecuado.Una muy buena amiga mía me insistió para que obtuviera una segunda opinión del Dr. Christian (Max) Schmidt en el IU Simon Cancer Center (Indianápolis, Indiana), uno de los mejores cirujanos de Whipple en los Estados Unidos. Después de reunirnos con él, cancelamos inmediatamente mi cirugía en St. Vincent’s y decidimos seguir con el Dr. Schmidt y el equipo de IU.

El 1 de julio me sometí a un procedimiento de Whipple con el Dr. Schmidt. Se ha convertido en un amigo. Realmente nos preparó a mi familia y a mí para lo que se avecinaba. Hemos estado muy contentos y cómodos con la decisión desde entonces.Hubo muchas complicaciones y el Dr. Schmidt y su equipo se ocuparon de todas. Nos sentimos afortunados de haber hecho el cambio. Muchos días sentimos que sucedió un milagro en IU durante mi cirugía.A las pocas semanas volví a caminar, levantar pesas, trabajar y llevar una vida bastante normal de nuevo.

A continuación, quimioterapia con 5-FU

Mi oncológo, el Dr. Patrick Loehrer, me empezó a administrar 5-FU.Recibí 12 tratamientos durante 24 semanas. Mis tratamientos de quimioterapia fueron difíciles, pero establecí reglas que seguí para poder superarlos. Viví con el pensamiento básico de un día de tratamiento y 13 días para recuperarme y prepararme para el siguiente. El 5-FU es una infusión que dura alrededor de tres horas. Después de cada tratamiento, volvía a casa y trataba de no dormir la siesta. Aprendí temprano que si duermes la siesta el día 1, quieres volver a hacerlo el día 2, el día 3 y así sucesivamente. Así que en lugar de eso, caminaba en centros comerciales al aire libre, supermercados, senderos, centros de naturaleza y en nuestro vecindario. El aire fresco y el movimiento fueron cruciales y siempre me hicieron sentir mejor.

También me concentré en la alimentación y en comer. Cada mañana, antes del tratamiento, devoraba todos los huevos que podía: de tres a cinco huevos y dos tostadas. Creo que tener la barriga llena me ayudó enormemente a combatir los efectos secundarios.Y el día 2, sin importar lo mal que me sintiera, me obligaba a comer de nuevo. Realmente creo que estas dos cosas me ayudaron a salir adelante. Para el tercer día, con la ayuda de mi esposa y mis hijos, estaba en el gimnasio, caminando, andando en bicicleta, corriendo y levantando pesas tratando de sacar afuera a ese diablo a fuerza de sudor.

Un ensayo clínico

En marzo de 2020, el Dr. Loehrer me detectó manchas en el estómago. Me recomendó unirme a un ensayo clínico de RMC-4630 y cobimetinib en Sarah Cannon Cancer Center, en Nashville, Tennessee. Este ensayo fue una experiencia completamente nueva. En primer lugar, tenía que conducir a Nashville desde mi casa cerca de Indianápolis, un viaje de 4 horas y media de ida y otras tantas de vuelta. Con la locura de la COVID-19, no podía detenerme en el camino ni quedarme allí durante la noche, así que muchos días conduje de regreso el mismo día. Eso fue agotador.

Este ensayo era diferente: 21 días con medicación y 7 días de descanso. Me destrozó el estómago, pero trataba de seguir comiendo y seguí tan activo como pude.Todo pareció funcionar durante un tiempo, hasta que sucedió lo incontrolable. No me sentí bien durante todo el mes de junio y después de unos 12 días sin comer, me hicieron una tomografía. Descubrimos que el cáncer había progresado y se me había cerrado el estómago, lo que me hizo sentir peor que nunca antes en mi vida.Tuve que operarme para abrirme el estómago y con esto terminó mi participación en el ensayo clínico.

La gente me pregunta si valió la pena participar en el ensayo y yo siempre respondo con un rotundo sí. Tenía una mancha en el hígado que parece haber desaparecido, así que si no conseguimos nada más, al menos tenemos eso y, con suerte, ayudaré a la gente en el futuro.

Una cosa que aprendí es que si usted cree que algo no está bien, asegúrese de ser completamente honesto con sus médicos. La quimioterapia causa locura en el cuerpo, pero escúchelo, porque un exceso de algo malo no es bueno.

Vuelta a la quimioterapia

Volví a comenzar el tratamiento en IU Cancer Center con gemcitabina (Gemzar) y Abraxane. El Dr. Loehrer dijo que “esto no debería tener muchos efectos secundarios” —famosas últimas palabras. Durante las últimas 12 semanas he estado tomando esta combinación. Los primeros tratamientos fueron bastante fáciles, pero a medida que aumentaba la quimioterapia, las cosas cambiaron. Enfermedad aleatoria, una locura de problemas estomacales, reaparición de la neuropatía, sensación de frío, todo ello junto.Pero si algo he aprendido es a distraerme, seguir trabajando, seguir viviendo y seguir adelante.Si uno hace esto, no es tan malo, y recuerde siempre que está peleando una pelea más grande.

Durante las últimas 12 semanas, he comenzado mi recuperación después de haber tocado fondo. Perdí 30 libras (unos 14 kg) cuando se me cerró el estómago. En medio de todo esto, hemos vuelto a encontrar un equilibrio y una vida hermosa. Hacemos surf en familia detrás de nuestro bote, lo que vuelve loca a mi madre, hacemos excursiones, caminamos y algunas noches simplemente nos relajamos.Mantener la mente alejada de los efectos secundarios y concentrarse en lo grandiosa que es la vida es muy útil.

Mi última tomografía mostró que todo había mejorado con la combinación de Gemzar y Abraxane. Mi tomografía de este mes (diciembre) salió bien y me siento mejor de lo que me he sentido desde que me enfermé en junio pasado.

Seguimos adelante

Hoy seguimos avanzando. Todos estamos cansados. No puedo sentir los pies, tengo hormigueo en los dedos de las manos, se me cayó el cabello y perdí más de 70 libras (unos 32 kg). Todos los días me despierto y trato de mantener mi peso estable; los problemas estomacales no son algo de lo que quiero hablar en detalle, pero son horribles. Desde mi cirugía y recuperación de 10 semanas, hasta el infierno de 12 tratamientos de quimioterapia con 5-FU, mis tres ciclos de 28 días del ensayo clínico con 12 viajes de ida y vuelta de nueve horas a Nashville, y ahora nueve tratamientos de Gemzar y Abraxane, han pasado 18 meses, pero de alguna manera siento que estamos ganando. Durante el último mes hemos recibido buenas noticias y estamos empezando a sentir que vale la pena.

Odio decir que el cáncer “apesta”. Odio oír a la gente hablar mal de él. Es algo horrible, pero es parte de la vida. Las personas que luchan contra el cáncer necesitan esperanza, todos y cada uno de los días. Todas las personas que he conocido a lo largo de este viaje tienen el mismo objetivo de ayudar a cambiar el pronóstico de esta enfermedad. Desde St. Vincent’s hasta el IU Cancer Center y Sarah Cannon en Nashville y ahora de regreso al IU Cancer Center, he aprendido que a pesar de los billones de dólares invertidos en investigación, el cáncer de páncreas sigue siendo una enfermedad relativamente desconocida. La mayor parte de la esperanza se da administrando quimioterapia y radiación con la expectativa de eliminar las células. Llenar el cuerpo con un veneno con la esperanza de que ese veneno pueda matar al otro veneno. Puede ser muy agobiante. Ese veneno puede hacer que el cuerpo haga cosas que nunca imaginó posibles y no de una buena manera.

Jen y yo podíamos haber tomado la ruta de decir que el cáncer “apesta”. Pero elegimos algo diferente. Estos últimos 18 meses hemos demostrado que si se actúa con amor, pueden suceder muchas cosas maravillosas. Mi esposa y mis hijos han sido mi club de animadores más grande en esta batalla que hemos atravesado. Los niños todavía lloran y todavía no entienden. Ambos se han visto obligados a madurar más rápido que la mayoría. Lo han manejado increíblemente bien.

Creo que nuestra vida familiar es tan divertida como lo era antes de enfermarme. Y nunca podré agradecer lo suficiente a toda nuestra familia, amigos, médicos, enfermeras y otras personas que han sido parte de esta trayectoria.


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