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Fuerte como un dinosaurio

Andrea Barkstrom and her family in front of a red barn

• Síntomas gastrointestinales e ictericia llevan al diagnóstico de cáncer de páncreas
• Segunda opinión en un centro oncológico grande
• Quimioterapia con FOLFIRINOX

Lo que yo esperaba que fuera una maravillosa celebración de mi 40 cumpleaños, llena de sorpresas y diversión con mi esposo y mis dos hijos, terminó siendo una semana estresante de incertidumbre por cuestiones médicas y finalmente un diagnóstico.

A partir de agosto de 2019, noté que tenía más distensión y gases. Fui a un centro de atención de urgencias local, donde un enfermero diplomado de práctica avanzada (APRN) me evaluó, pero no me hizo ninguna prueba. Pensó que yo tenía síndrome del intestino irritable y me recetó un medicamento para que lo tomara durante un mes. Lo tomé y, aunque no noté ningún cambio intestinal, los gases y la distensión desaparecieron. Retomé mi rutina habitual de hacer ejercicio intenso entre cinco y seis días a la semana, correr y levantar pesas.

En noviembre de 2019, la distensión y los gases volvieron, aunque no con tanta intensidad. De a ratos, tenía algo de dolor en la parte superior de la espalda, pero lo relacioné con una hernia de disco en la espalda y posiblemente con hacer levantamiento de forma incorrecta en la sala de pesas. Sentía algo raro en el estómago y no lograba entender si lo que me estaba causando molestias era algo que estaba comiendo. Programé una cita con mi médico para el 25 de noviembre. Noté un oscurecimiento de la orina y mis heces se habían vuelto más claras el fin de semana anterior. Llamé al consultorio del médico el día 24 porque pensé que parecía tener ictericia, pero me dijeron que todos modos fuera al dia siguiente.

El martes 25 de noviembre de 2019, vi a mi médica de cabecera. Ella ha sido mi médica desde hace 10 años y pensó que yo podía tener algo de ictericia, por lo que me sacó un poco de sangre para hacer pruebas analíticas y solicitó una ecografía para la mañana siguiente. Pensé que tal vez podía ser la vesícula biliar, ya que a todas mis parientes mujeres del lado de mi madre les han extirpado la suya. Después de mi cita, volví a trabajar. Terminé recibiendo tres llamadas diferentes de mi médica de cabecera, que hizo después de recibir los resultados de mis análisis. Ella habló con un cirujano y me dijeron que me hiciera una ecografía esa misma tarde y que luego fuera inmediatamente a ver al cirujano. Después de algunas dificultades para hacerme la ecografía porque no había ayunado, fui a ver al cirujano, quien me dijo “Tiene una mancha en el páncreas”.

Confirmación del diagnóstico

Al día siguiente me hicieron otra tomografía computarizada, tuve una cita con un cirujano y me sometí a una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (ERCP) y a una biopsia. Luego, la espera. Vi las notas del cirujano sobre la biopsia, que decían que se observaba una mancha grande. Sin la confirmación oficial, sabía a lo que me enfrentaba. El 3 de diciembre de 2019, el día en que cumplía los 40 años, me diagnosticaron cáncer de páncreas. La primera tomografía computarizada mostró un tumor en la cabeza del páncreas. Lo consideraron localmente avanzado.

Aunque vivo en Spokane, Washington, solicitamos una segunda opinión en el Virginia Mason Medical Center en Seattle, un hospital más grande donde atienden a miles de pacientes con cáncer de páncreas todos los años. Me reuní con el oncólogo, el Dr. Vincent Picozzi, y con el cirujano, el Dr. Flavio Rocha. Ambos tenían la sensación de que mi cáncer era más resecable limítrofe.

Comienzo de la quimioterapia

Como los médicos de Virginia Mason me ofrecieron la misma quimioterapia que mi oncólogo local, decidimos continuar el tratamiento en casa, en Spokane, con la opción de regresar a Virginia Mason si mi tratamiento no surtía efecto. En colaboración con la Dra. Corliss Newman en MultiCare en Spokane, comencé el tratamiento con FOLFIRINOX y estoy a punto de comenzar mi octava ronda. Después de tres rondas, mi recuento de glóbulos blancos era demasiado bajo y agregamos un factor de crecimiento llamado Zarxio. Me administran entre tres y cinco inyecciones cada 14 días. Todavía estamos tratando de descubrir el número mágico para mantener mis cifras elevadas. No diría que el tratamiento ha tenido un impacto positivo ni negativo en mi calidad de vida, pero después de cuatro tratamientos, la noticia de que el tumor se había reducido de un tamaño de 3.4 cm x 4.2 cm a 2.8 cm x 3.3 cm fue algo positivo. Enviamos la información al Dr. Rocha para que sepa cómo me está yendo. Si mi tumor se reduce lo suficiente, queremos que me opere el Dr. Rocha debido a su experiencia. La Dra. Newman y el Dr. Rocha acordaron que debería someterme a 12 sesiones de quimioterapia, y luego a la cirugía, si es posible.

Los efectos secundarios que he tenido han sido principalmente la neuropatía debido a la quimioterapia, la sensación en los dedos y no poder beber líquidos fríos debido a la sensación en la garganta. Esto suele durar unos 10 días después de la quimioterapia, pero si busco algo en el congelador, siento un hormigueo temporal en los dedos. He tenido un poco de diarrea asociada a la quimioterapia, pero mucho menos que la mayoría de la gente. Por lo general, solo tengo que tomar entre una y tres pastillas de Imodium en total entre tratamientos. Tengo algunas náuseas los primeros tres días después de la quimioterapia, pero puedo controlarlas con Zofran y Compazine. Debido a que tengo antecedentes familiares de cáncer abdominal, me sometí a pruebas genéticas. Apareció un elemento, pero lo documentaron como de “significado incierto”. El oncólogo me explicó que en este momento no tienen información suficiente para determinar si mi cáncer de páncreas está relacionado con mis antecedentes familiares de cáncer.

A una vecina de cuatro años le dijeron que yo estaba enferma. Su respuesta fue que estaré bien porque soy “fuerte como un dinosaurio”. Ese ha sido nuestro lema a lo largo de toda esta lucha: #stronglikeadinosaur.


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