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Con la bendición de estar aquí y sana

Con la bendición de estar aquí y sana

• Síntomas ignorados por mucho tiempo resultan ser cáncer de páncreas
• Segunda opinión y cirugía de Whipple
• Sanación lenta, pero finalmente recuperación

Mi historia con el cáncer probablemente comenzó como la mayoría, con dolor, fatiga, pérdida de peso y pérdida del apetito. Y, como la mayoría, ignoré estos síntomas.

Podría tratarse de estrés, me dije. Al fin y al cabo, ciertamente tenía una buena dosis de estrés. Mi esposo estaba luchando contra un cáncer de próstata y yo me vi envuelta en un torbellino de emociones. Tenía que trabajar, porque necesitábamos mi seguro. Era difícil comprender la situación con claridad. Mi esposo no solo tenía cáncer, sino que sufría otros problemas de salud que hacían que tuviera un alto riesgo. Aunque mi propio dolor era constante, luché contra él para apoyar a mi esposo.

El dolor que sentía en la espalda y el costado del cuerpo empeoraba. Además, tenía mucha picazón. Obviamente, algo pasaba. No pude ignorarlo más y tomé medicamentos de venta libre, pero fue en vano. El dolor se intensificó hasta el punto que tuve que consultar a mi médica de cabecera. No tenía ni idea de que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Mi doctora también pensó que mis síntomas podían estar relacionados con el estrés; sin embargo, quería hacerme más pruebas para darme un diagnóstico más definitivo. Solicitó radiografías, tomografías y análisis de sangre. Estas pruebas dieron lugar a una derivación para ver a un oncólogo y a un especialista quirúrgico, y allí me hicieron más tomografías y pruebas: una resonancia magnética, una ecografía y una endoscopia. Se reveló el culpable. Había un tumor en el extremo de la cola del páncreas: me diagnosticaron cáncer de páncreas a principios de noviembre de 2013. Sabía que los tumores podían ser benignos o malignos. Aunque en ese momento no se sabía cuál era, de repente el miedo se apoderó de mí. Lloraba desesperadamente y preguntaba: “¿Por qué yo, Dios?” Mi esposo y mis hijas siempre estuvieron a mi lado apoyándome. Sin ellos, no estoy segura de cómo hubiera podido superar esto.

Diagnóstico: cáncer de páncreas

Nunca olvidaré una visita para ver al oncólogo de nuevo. Mi tumor era maligno. Sin embargo, estaba en fase inicial, no se había propagado y estaba limitado al extremo de la cola del páncreas. Las noticias no eran tan malas, porque la enfermedad estaba en fase inicial y eso podría haber sido alentador. Pero todo lo que yo escuché es esta palabra que comienza con “c”. No lo podía creer, tengo cáncer. Eso era lo último que esperaba oír. ¿Cómo podía ser? Me sentía relativamente sana, caminaba a diario y comía los alimentos adecuados. Tenía un problema menor con la presión arterial. El médico siguió tratando de asegurarme que lo descubrieron temprano y que había esperanza, pero todas sus palabras cayeron en oídos sordos.

No sabía nada sobre el cáncer de páncreas, así que apenas pude, tomé mi computadora y comencé a investigar. A veces, es mejor no saber. Descubrí que el cáncer de páncreas es terriblemente mortal. El índice de supervivencia es muy bajo y la esperanza de vida, si la persona tiene suerte de vivir tanto tiempo, es solo de cinco años. La mayoría de los pacientes mueren pocos meses después del diagnóstico. ¿Cómo podía pasarme esto a mí?

El oncólogo me dijo que era una buena candidata para la cirugía de Whipple, pero teníamos que actuar ahora antes de que el cáncer se propagara a algún otro órgano. Mi oncólogo quería programar la cirugía para comienzos de diciembre, pero mi esposo pensó que deberíamos pedir una segunda opinión. Consultamos con su oncólogo en Cancer Treatment Centers of America (CTCA) en Newnan, Georgia.

Una segunda opinión y una cirugía de Whipple

En CTCA, el Dr. George Daneker, el cirujano oncólogo jefe, revisó mi archivo y, sin perder tiempo, me aceptó. Realizó sus propias pruebas y confirmó los resultados del otro oncólogo. Él también me dijo que era una buena candidata para la cirugía de Whipple porque estaba en la fase inicial de la enfermedad. Estaba sana y no tenía diabetes, lo que es muy importante para esta cirugía. Me explicó que podría perder el riñón, el bazo, la glándula suprarrenal izquierda y parte del páncreas. Mis probabilidades de supervivencia eran mejores porque el cáncer se detectó temprano. La cirugía podía aumentar mi esperanza de vida a cinco años. No obstante, todo dependía de lo que encontraran.

Todo sucedía demasiado rápido. Nuevamente, le pregunté a Dios: “¿Por qué yo?” Había tantas personas que dependían de mí. Tenía miedo de hablar sobre el tema con personas fuera de mi familia inmediata. Sin embargo, confié en el obispo George Crenshaw (el pastor de mi iglesia en ese momento) y en la reverenda Merchuria Williams. Les pedí que no compartieran mi noticia con nadie. Era reconfortante contar con su apoyo y sus plegarias. Mi situación parecía desesperada, pero finalmente pude soltar el miedo lo suficiente para poder confiar en Dios. Tenía que apoyarme en Él y confiar en que Él me curaría.

Mi cirugía se programó para el 2 de enero de 2014. La mañana de la cirugía, tanto el obispo Crenshaw como la reverenda Williams estaban presentes. Nunca olvidaré el momento en que mi médico me dijo que la cirugía había salido bien. No tuvieron que extirparme el riñón. Sí me extirparon el bazo, la glándula suprarrenal y una pequeña parte del páncreas. Eran muy buenas noticias. Aunque todavía tenía miedo, me permití relajarme en la presencia sanadora de mi Dios.

Una recuperación difícil

No puedo decir que todo salió bien después de eso. No, en absoluto. Mi recuperación fue agitada. Todavía tenía mucho miedo de no sobrevivir y no podía comer ni beber. Estaba demasiado débil para caminar y sentía un dolor insoportable todos los días. Los analgésicos recetados no ayudaron mucho. Pasé mucho tiempo rezando.

Dado que no comía, mis médicos me amenazaron con colocarme una sonda de alimentación. Simplemente no podía comer. Mi esposo lo intentó todo, principalmente batidos. Todo lo que yo podía hacer era rezar y rezar y agradecer a Dios por cada día de vida. Tenía mucho dolor y pensé que no lo iba a superar. Pero, ¡alabado sea el Señor! Dios sanó mi cuerpo. Me siento mucho más sana y fuerte.

En la primavera de 2019, celebré cinco años y seis meses como sobreviviente del cáncer de páncreas. El programa de televisión local 5 Alive contó mi historia en septiembre. Y el domingo, 17 de noviembre, durante el mes de concientización sobre el cáncer de páncreas, el pastor Eldren D. Morrison, el actual pastor de mi iglesia, mostró ese video como parte de nuestro servicio. La reverenda Williams habló e hizo comentarios sobre el tipo de cáncer que tenía y las señales de advertencia para que las personas estén atentas y sepan cómo reconocer esas señales y buscar atención médica. Fue una inspiración para los miembros de la iglesia y para mí.

Después de la iglesia, varias personas se acercaron y me felicitaron por ser una sobreviviente y para contarme que recientemente habían perdido seres queridos: una joven había perdido a alguien solo tres semanas antes. Saber que hay sobrevivientes significó mucho para ellos. Les dije a todos que el índice de supervivencia en realidad había aumentado desde que me diagnosticaron por primera vez debido a las nuevas investigaciones y al dinero recaudado para la causa.

No había hablado sobre el cáncer de páncreas durante mucho tiempo. Pero me di cuenta después de la iglesia que, dado que hay pocos sobrevivientes, hay pocas personas que hablan sobre el tema. Puedo mostrar a los demás que las personas pueden sobrevivir.

Le agradezco a Dios y le doy el honor y la alabanza por dirigirme a buscar ayuda. Todavía sigo sin cáncer. ¡Aleluya!


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