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El poder de la risa terapéutica

Dr. Suneel Kamath and pancreatic cancer patient Sandy Robis
Cuando se enfrenta un diagnóstico de cáncer de páncreas, el humor puede ser difícil de encontrar.

En cambio, los sentimientos de dolor, tristeza, depresión y ansiedad se vuelven tan abrumadores que reírse de una broma, incluso de la más divertida, parece imposible. Pero esta es la cuestión: resulta que la risa (ya sea forzada o espontánea) es una medicina poderosa.

“Para mí, y para varios de mis pacientes, la risa es una especie de triunfo sobre la enfermedad”, dice el Dr. Suneel Kamath, oncólogo médico del Cleveland Clinic Cancer Center en Ohio. “Es una prueba de que el cáncer no puede quitarle la felicidad ni la alegría a su vida, que aún podrá disfrutar de las cosas que ama”.

El poder curativo de la risa

No importa cuán nefasto sea su pronóstico, hay buenas pruebas para sugerir que una risa fuerte que le haga temblar la barriga puede hacer que se sienta mejor. De hecho, los seres humanos han recurrido al poder curativo de la risa durante milenios.

Desde el siglo XIII, los cirujanos usaban la risa para distraer a los pacientes del dolor. En el siglo XX, los científicos comenzaron a explorar los beneficios curativos de una buena risa. Hoy en día, existe incluso la “terapia de la risa”. Según lo definido por la Association for Applied and Therapeutic Humor (AATH), la risa terapéutica es cualquier intervención que promueva la salud y el bienestar estimulando el descubrimiento, la expresión o la apreciación alegre de lo absurdo o incongruente de las situaciones de la vida.

Esto puede ser especialmente importante para los pacientes con cáncer, dice Kamath.

Según la AATH, el humor tiene tres componentes:

  • El ingenio, o la experiencia cognitiva del humor (es decir, si algo le parece gracioso)
  • La alegría, el gozo emocional que proviene del humor
  • La risa, la experiencia fisiológica del humor

En ese sentido, la risa afecta a la persona íntegramente: mente, cuerpo y espíritu. La sobreviviente de cáncer de páncreas Sandy Robis pregunta: “¿Qué podría ser más curativo para un paciente?” Robis, cuya última tomografía mostró que había alcanzado la remisión completa, cree que el humor la ayudó a transitar el cáncer de páncreas en estadio IV. Y según Kamath, esa es una teoría sólida, desde el punto de vista científico.

Los estudios sugieren que después de una seguidilla de risas, las hormonas del estrés, como el cortisol y la epinefrina, caen rápidamente mientras aumentan los niveles de sustancias que combaten enfermedades. La risa ayuda a calmar los nervios, alivia el dolor y ayuda a olvidar la enfermedad, aunque sea por un momento. Incluso hay evidencia que sugiere que la risa ayuda a acercar a las personas. “Simplemente se siente bien reír y ser feliz”, dice Kamath, “y sentirse bien promueve la curación. No hay desventajas”.

Cultivar la risa como su farmacia interna

La risa no tiene que ser espontánea para “funcionar”. Incluso la risa vigorosa simulada puede levantarle el ánimo y ayudar a reducir el estrés.

  • Haga una evaluación de su humor. Tómese un momento para considerar quién le hace reír, qué le parece divertido y cuándo (y dónde) se siente más feliz y a gusto. Tal vez le gusten los programas de comedia nocturnos. O tal vez tiende a reírse mientras mira videoclips tontos en YouTube. Es posible que jugar a Mad Libs o leer las historietas de los domingos le haga reír. Una vez que descubra qué es lo que realmente le hace reír, dedique tiempo y espacio a esas cosas.
  • Haga tonterías. Hacer tonterías no solo desencadena su propia risa, también es contagioso. Justo antes de Navidad, Robis entró en el quirófano para someterse a su procedimiento de Whipple con unas gafas de Rodolfo el Reno de la Nariz Roja y con galletas caseras en la mano para su equipo de atención médica. “El personal se reía tanto que casi se hace pis en los pantalones”, dice.
  • Finja hasta lograrlo. Si bien la risa puede parecer una reacción no controlada a algo gracioso, la verdad es que reír de manera intencional puede preparar el cuerpo para que se sienta bien. De hecho, el acto físico de reír crea cambios químicos en el cuerpo que pueden cambiar su perspectiva, incluso si no está reaccionando a algo gracioso.
  • Conéctese. “El cáncer puede llevar al aislamiento y, sin embargo, la interacción humana es muy importante para cultivar la salud y el bienestar”, afirma Kamath. ¿No puede armarse de energía para salir al mundo? Centre su atención en el afuera y concéntrese en lo que puede dar a los demás. Incluso cuando Robis estaba luchando contra su enfermedad, cocinaba y trabajaba en el jardín, cosas que hacía para los amigos y la familia. “Alimentar al mundo y compartir mis habilidades de jardinería con otros y hacerlos felices es lo que me da satisfacción y gratitud”, dice.

¿Necesita ayuda para encontrar algo divertido? Prepare una cesta de humor cargada de cosas que le hagan reír: un libro de chistes o historietas tontas, películas divertidas, incluso un cojín de pedorretas o una matraca que le haga reír. Incluso puede hacer que su misión sea contagiar la risa a los demás. Para Robis, compartir risas no solo la hace sentir mejor, sino que también anima a todos a su alrededor. “Es realmente un círculo de 360 grados que hace que todos se sientan mejor”, dice.

Si todavía tiene dificultades para encontrar alegría en su vida cotidiana, hable con un profesional de atención médica. Los sentimientos de tristeza y depresión son muy normales cuando se está transitando un tratamiento contra el cáncer. “No siempre es algo que pueda sacarse de encima rápido”, dice Kamath. “Si sabemos que le está siendo difícil, podemos brindarle el apoyo que necesita y ayudarle a volver a encontrar la alegría”.

 


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