La vitamina C combinada con la quimioterapia convencional mejora la supervivencia general
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Investigadores de la University of Iowa han descubierto que agregar dosis altas de vitamina C de forma intravenosa (IV) a la quimioterapia convencional duplica el tiempo de supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas en estadio avanzado.
El estudio de fase II, publicado en la revista Redox Biology en noviembre de 2024, demostró que el tiempo de supervivencia se duplicó de 8 a 16 meses.
“Los tratamientos del cáncer de mama y el cáncer de pulmón han mejorado considerablemente, y los pacientes realmente se están beneficiando, pero el cáncer de páncreas se ha quedado atrás”, dice el autor principal Joseph Cullen, M.D., profesor de cirugía gastrointestinal y oncología radioterápica en el UI Carver College of Medicine (Iowa City). “Es extremadamente frustrante. Cuando vimos los resultados de este estudio por primera vez, pensamos que quizá era un error. Los datos parecían demasiado buenos. Pero nuestro estadístico confirmó que no se trataba de un error. Sin dudas, estábamos extremadamente emocionados, ya que al principio pensábamos que podríamos aumentar la supervivencia general de aproximadamente 8 meses a quizá 12. Nunca esperamos duplicar la supervivencia. Así que, sinceramente, estaba eufórico”.
La controversia sobre la vitamina C
La vitamina C tiene un gran efecto. Técnicamente conocida como ácido ascórbico, la vitamina C se encuentra de forma natural en algunos alimentos, se agrega a otros y a menudo se toma como suplemento alimenticio. Su función es ayudar al cuerpo a producir colágeno, una proteína importante utilizada en la formación de la piel, el cartílago, los tendones, los ligamentos y los vasos sanguíneos. La vitamina C es un poderoso antioxidante, y la investigación indica que puede ayudar a neutralizar las moléculas de radicales libres, que en exceso pueden dañar las células. Los científicos también han estudiado la capacidad de la vitamina C para destruir las células cancerosas.
Pero la vitamina C tiene una larga historia, y es una historia problemática, dice Cullen, quien fue investigador de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) a principios de la década de 1990. Agrega que en la década de 1970, los estudios de Linus Pauling promovieron la vitamina C oral como una especie de cura para muchos problemas de salud, incluidos algunos estudios pequeños que sugerían que podría ayudar en el tratamiento del cáncer. Estos estudios mostraron buenos resultados. Sin embargo, fueron perjudicados por la controversia existente y se descubrió que tenían fallas. En la década de 1980, los investigadores de Mayo Clinic realizaron varios ensayos aleatorizados que demostraron que la vitamina C oral realmente no tenía beneficios en el tratamiento del cáncer. Así fue como la vitamina C perdió popularidad.
Es evidente que el problema es que, en todos estos ensayos, la vitamina C se administró por vía oral, explica Cullen. En los primeros años de 2000, los investigadores de los NIH descubrieron una diferencia importante entre la administración intravenosa y la administración oral de la vitamina C. En pocas palabras, la administración intravenosa produce concentraciones plasmáticas más altas de vitamina C en el torrente sanguíneo. “Cuando se administra por vía intravenosa, como hizo el grupo de (Mark) Levine en los NIH, las concentraciones son más altas”, dice Cullen, y agrega que esos niveles podrían ser “aproximadamente mil veces más altos” que con la administración oral.
El trabajo de Levine despertó la curiosidad de Cullen y sus colegas en UI. En 2018, los investigadores de UI recibieron una subvención de cinco años de 9,7 millones de dólares del Instituto Nacional del Cáncer para estudiar el uso de la vitamina C intravenosa combinado con el tratamiento convencional en el cáncer de páncreas, el cáncer de pulmón y el glioblastoma. “En niveles altos, la vitamina C produce peróxido de hidrógeno, que destruye las células cancerosas, pero tiene poco efecto sobre las células sanas y normales”, explica Cullen. La vitamina C podría combatir el cáncer en tumores con bajos niveles de catalasa, que convierte el peróxido de hidrógeno en agua y oxígeno. Los bajos niveles de catalasa producen más peróxido de hidrógeno y mayor capacidad para combatir tumores, según uno de los estudios celulares del laboratorio. El metabolismo del hierro también puede desempeñar un papel.
Para ser claros, Cullen no cree que la vitamina C administrada por sí sola sea de gran ayuda en el tratamiento del cáncer. “Creo que podría ser útil en un tratamiento combinado”, agrega.
Sobre el estudio
Este ensayo aleatorizado de fase II fue diseñado para determinar si la adición de vitamina C a la quimioterapia convencional con gemcitabina y nab-paclitaxel podría aumentar la supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas metastásico en estadio avanzado. El estudio incluyó 34 pacientes con enfermedad en estadio IV, distribuidos aleatoriamente en dos grupos: uno recibió gemcitabina y nab-paclitaxel, y el otro, la misma quimioterapia más infusiones intravenosas de vitamina C en dosis altas, tres veces por semana. El objetivo principal del estudio fue la supervivencia general, pero según los autores del estudio, los investigadores también estaban interesados en la supervivencia sin progresión y la aparición de cualquier efecto adverso.
Los resultados mostraron que la supervivencia general promedio fue de 16 meses para los pacientes que recibieron infusiones de 75 g de vitamina C con quimioterapia, en comparación con 8 meses para aquellos pacientes que solo recibieron quimioterapia. Los resultados adicionales concluyeron que la supervivencia sin progresión aumentó de 4 a 6 meses con infusiones intravenosas de vitamina C en dosis altas.
Debido a los resultados tan positivos, los investigadores detuvieron el ensayo antes de tiempo. No hubo efectos adversos graves entre los participantes. Los pacientes asignados al azar al grupo que recibió vitamina C informaron que se sintieron mejor, tuvieron una mejor calidad de vida, y además pudieron tolerar el tratamiento por más tiempo, dice Cullen. Reconoce que el estudio tuvo limitaciones en términos de diversidad y tamaño de la muestra.
Siguientes pasos
Un ensayo de fase III es el siguiente paso obvio. Cullen y sus colegas ya han realizado trabajos preliminares sobre el costo y la cantidad de centros médicos necesarios para llevar a cabo una rigurosa investigación de fase III que incluya a aproximadamente 90 pacientes de varios centros. Sin embargo, Cullen reconoce que conseguir financiación para un ensayo de fase III podría ser difícil.
En primer lugar, la vitamina C no es patentable. “No hay dinero que ganar”, dice Cullen, “por lo que no hay un incentivo real para que ‘las grandes multinacionales farmacéuticas’ se involucren y lo financien”. Además, dice que muchos ensayos de fase II son financiados por una combinación de subvenciones gubernamentales, como la subvención de los NIH que el grupo recibió en 2018, o por donaciones privadas. Debido a los estudios de Mayo Clinic en la década de 1980, muchos oncólogos todavía desconfían del tratamiento con vitamina C y se resisten a usarla, a pesar de los buenos resultados de los pequeños ensayos clínicos en curso. Por ejemplo, Cullen y sus colegas realizaron un ensayo previo para pacientes con cáncer de páncreas no resecable, y 3 de los 14 pacientes sobrevivieron más de 9 años.
“La única forma de que esto podría avanzar es con la financiación de un ensayo de fase III mucho más grande, más diverso y con múltiples centros médicos”, explica. “Los datos de un ensayo o ensayos más grandes y rigurosos demostrarían si la vitamina C realmente tiene beneficios y conseguirían que más personas se sumaran”. Hasta que no se tengan esos resultados de fase III, simplemente no se sabe. Lo que realmente necesitamos es un millonario”.