Hacerle caso al cuerpo

Roxanne Waling, Five-year Pancreatic Cancer Survivor Posing On Her River Cruise Through Europe.

• Malestar conduce a diagnóstico de cáncer de páncreas
• Pruebas genéticas revelan una mutación en BRCA
• Tratamiento con FOLFIRINOX y un cambio de centro de tratamiento
• Whipple y otras cirugías

En noviembre de 2012, me diagnosticaron un cáncer de páncreas inoperable en estadio III.

A partir de agosto, observé una pérdida del apetito y dolores intermitentes debajo del lado izquierdo de la caja torácica. También había estado sintiendo dolor en la parte inferior de la espalda desde hacía un par de meses. Pensé que se debía a tanto conducir (yo era ejecutiva de cuentas de una empresa de servicios ambientales que cubría el sureste del país), por lo que ni siquiera pensé en mi espalda. A pesar de que tuve cáncer de mama en 2002, me mantenía muy sana y físicamente activa.

Cuando en septiembre consulté con mi especialista en medicina interna, pensó que el dolor se debía al hecho de que yo conducía alrededor de 800 millas (1300 km) por semana. Debí haber recalcado que la pérdida de apetito no tenía nada que ver con esta actividad pero, claro, ni se me había ocurrido pensar que podría tener cáncer de páncreas. Esa sería una sentencia de muerte, por lo que ni siquiera me pasó por la cabeza la idea de tan espantosa enfermedad.

Mi especialista en medicina interna controló mis enzimas pancreáticas y estaban normales. Luego, me animó a consultar con mi obstetra ginecólogo, para que me revisara el ovario izquierdo (el derecho había sido extirpado a comienzos de la década de 1980 debido a un quiste sólido) y a un gastroenterólogo para programar una colonoscopía, a fin de descubrir si el dolor estaba relacionado con el aparato digestivo. Pensé que seguramente tenía un pólipo o diverticulitis. Después de ocho semanas, regresé a mi especialista en medicina interna para un seguimiento del hipotiroidismo y la hipertensión. Había consultado con el asociado médico de gastroenterología y me habían programado una colonoscopía para fines de noviembre, pero no había ido a ver al obstetra ginecólogo. Le conté a mi especialista en medicina interna que aún sentía dolores, solo que ahora tenía problemas estomacales y había perdido más peso. Inmediatamente, solicitó una tomografía computarizada. Dos días después, el 16 de noviembre de 2012, me llamó para confirmar que la tomografía había revelado una lesión en la cola del páncreas.

Un diagnóstico temido y pruebas genéticas

Mi especialista en medicina interna dispuso una cita para mí con un cirujano general local que tenía mucha experiencia en la cirugía de Whipple. La semana siguiente consulté con el Dr. Bing Yi en Greenville, Carolina del Sur, e inmediatamente dedujo que, a pesar de que mi lesión era pequeña, era inoperable porque afectaba una arteria. Me realizaron una resonancia magnética y luego una ecografía endoscópica superior para hacer una biopsia del tumor, a fin de confirmar que se trataba de cáncer. El plan consistía en someterme a quimioterapia que podría salvarme la vida y reduciría el tumor hasta separarlo de la arteria para hacer posible la cirugía.

La ecografía endoscópica superior confirmó que tenía un tumor exocrino llamado adenocarcinoma, la clase de cáncer de páncreas más común. En ese momento, también me sometí a pruebas genéticas, dado que mi único factor de riesgo era que tenía 60 años. Nunca fumé, no tenía sobrepeso y no consumía bebidas azucaradas. La prueba genética dio positiva para el gen BRCA2, lo cual explicaba mi anterior cáncer de mama, al igual que el cáncer de páncreas.

Que comience la quimio

Comencé el tratamiento en St. Francis Cancer Center la primera semana de diciembre. Sin embargo, quería una segunda opinión, ya que sabía que solo tenía una probabilidad del 5 por ciento de sobrevivir cinco años. Después de mis primeros dos tratamientos de quimio, llamé a Cancer Treatment Centers of America (CTCA). Un representante me guio hacia el CTCA en Tulsa, Oklahoma. En el transcurso de dos semanas, estaba en CTCA en Tulsa para encontrarme con mi equipo de atención, que incluía al oncólogo Sagun Shrestha. También recibí mi cuarto tratamiento con FOLFIRINOX mientras estuve allí. El plan inicial consistía en recibir seis sesiones de quimio (una cada dos semanas, y luego realizarme una tomografía PET para ver si el tumor era ahora operable). No obstante, me sometí a una tomografía mientras estuve en Tulsa y descubrí que el tumor se había reducido tanto que parecía que ya había tenido la cirugía. El tumor era ahora operable. Desafortunadamente, aún tenía ganglios linfáticos abdominales positivos, por lo que igualmente debía someterme a los seis ciclos de FOLFIRINOX.

Como parte del tratamiento, me ofrecieron acupuntura, un médico naturópata, un dietista registrado, un masajista, un psicólogo y apoyo religioso. Todo eso era importante para mí y me ayudó con el tratamiento y los efectos secundarios. A pesar de que me sometía a la misma quimio en mi ciudad natal de Greenville, decidí que recibiría el resto del tratamiento en CTCA en Tulsa, porque allí atienden a la persona en todos los aspectos y no solo la enfermedad. La acupuntura me ayudó con el cansancio y el estrés. Uno de los efectos secundarios de la quimioterapia fue un recuento muy bajo de plaquetas. El médico naturópata me recomendó suplementos y bebidas especiales que me ayudaran con este y otros efectos secundarios, como la neuropatía en las manos y las horribles llagas bucales. Solo una vez debí esperar una semana más para mi infusión de quimio debido a un recuento bajo de plaquetas.

El 25 de junio de 2013 finalicé el ciclo número 12 de quimioterapia. En julio, regresé a Tulsa para realizarme una tomografía PET que determinaría si finalmente podría someterme a la cirugía de Whipple de 10 horas. Mi hijo Matt me acompañó y nos sorprendió enterarnos de que no había evidencia alguna de la enfermedad. Remisión completa es el término al que aspiran todos los pacientes de cáncer.

Hora de la cirugía de Whipple

El cirujano Pierre Greeff me dijo que debía reunirse con el consejo de tumores para decidir si yo podía someterme a la operación de 10 horas. El consenso fue que, en vista de que yo era una persona de 61 años en buena forma física y que aparte del cáncer de páncreas me encontraba en buen estado de salud, la mejor oportunidad de supervivencia para mí era la cirugía. Por lo tanto, el 25 de septiembre de 2013, mi hermana Renee vino a Tulsa para acompañarme mientras me sometía a la cirugía de 10 horas que extirparía el 60 por ciento de mi páncreas, todo el bazo, el ovario izquierdo y las trompas de Falopio, la glándula suprarrenal izquierda y el epiplón (lo que recubre el estómago).

Debido a mi mutación en el gen BRCA2, el Dr. Shrestha me recomendó realizarme una histerectomía completa y proactiva. En noviembre de 2014 me sometí a una operación en Greenville, con el Dr. David Godwin. Él se asombró al ver los resultados de mi biopsia, que revelaban un pólipo precanceroso en el útero. Le dio gusto que mi oncólogo me hubiera recomendado someterme a una cirugía, ya que de otro modo me habría encaminado hacia el cáncer de útero. Continué realizándome tomografías PET cada tres meses en CTCA en Tulsa, que seguían mostrando resultados libres de tumor. En 2014, me ofrecí como voluntaria para participar con Cancer Fighters de CTCA y contarles a los pacientes recientemente diagnosticados con cáncer de páncreas sobre mi exitoso tratamiento.

El Dr. Shrestha también sugirió que me realizara una doble mastectomía debido a mi mutación en BRCA2. Por ello, a fines de febrero de 2015, me sometí a una doble mastectomía con reconstrucción, pero dadas las complicaciones relacionadas con mi tratamiento anterior del cáncer de mama, el procedimiento en su totalidad no se completó sino hasta un año después, en 2016.

Finalmente, una vida sin cirugía

En el verano de 2016, finalmente pude volver a jugar al golf. Había perdido un poco el toque, pero me he esforzado y he vuelto a estar en forma.

En febrero de 2017, también comencé a trabajar a tiempo parcial para una organización de atención de personas mayores. Adoro a mis clientes y el trabajo me parece muy gratificante y nada estresante. Mi supervivencia de cinco años al cáncer de páncreas la celebré con un crucero de 12 días por ríos europeos, un viaje soñado. Soy una sobreviviente de cáncer de páncreas, la cual prospera. ¡La vida es linda!