Un examen de rutina salvó mi vida

John Moisan, Pancreatic Cancer Patient

• Pancreatectomía laparoscópica
• Cáncer en estadio IIb
• Tratamiento con quimioterapia y radiación

El 10 de diciembre de 2010, pasé de ser un jubilado despreocupado a cuidador, cuando mi esposa tuvo un accidente cerebrovascular grave en nuestra sala de TV.

Después de una larga hospitalización en Sioux Falls, Dakota del Sur (431 km/268 millas de nuestra ciudad natal de Fort Pierre), mi esposa y yo regresamos a casa y me convertí en cuidador las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Durante los próximos dos años, el estrés extremo de ser cuidador comenzó a afectarme. Mi propia salud comenzó a deteriorarse, especialmente mi salud mental, por lo que mi médico me recomendó un programa regular de ejercicios en un gimnasio. Mi salud mental y física mejoraron drásticamente gracias al ejercicio. Perdí peso y aumentó mi resistencia.

El 23 de junio de 2014, fui a ver al Dr. Thomas Huber, mi médico de cabecera durante mucho tiempo, para realizarme mi examen anual. Estaba confiado: estaba en el mejor estado físico de los últimos 10 años y me sentía muy bien. Pero el Dr. Huber estaba preocupado por mi pérdida de peso. Le expliqué que me sentía bien: voy al gimnasio, trabajo en mi granja, entreno perros de caza y soy cuidador de tiempo completo. Pero él dijo: “Vamos a hacer una tomografía computarizada y ver si pasa algo”. Yo enfaticé: “Pero no estoy enfermo”, igual él insistió: “No me importa, vamos a hacer una tomografía computarizada de todos modos”.

Me hice la tomografía dos días más tarde a las 8:30 de la mañana y poco después el enfermero del Dr. Huber me llamó y me dijo: “El Dr. Huber quiere verlo a las 11:00”. Cuando llegué a su consultorio, el Dr. Huber se sentó en la silla al lado mío y me dijo: “Debes colocar a tu esposa en una residencia de ancianos y debes ir a Sanford Cancer Center en Sioux Falls de inmediato, tienes cáncer de páncreas”. Me resistí, dije: “¡Yo no estoy enfermo!”. Él dijo: “Sí, John, estás muy enfermo”. Resulta que el Dr. Huber salvó mi vida.

El diagnóstico conduce a la pancreatectomía

El 2 de julio, fui al Sanford Cancer Center y conocí al enfermero de oncología de enlace, a alguien de la Sociedad Americana contra el Cáncer, a un consejero en genética y a muchos otros. Durante los próximos días, me realizaron muchas pruebas. Una biopsia endoscópica por punción del páncreas confirmó adenocarcinoma de la cola del páncreas. También me realizaron una tomografía PET, una tomografía computarizada y análisis de sangre en preparación para la cirugía programada para el 10 de julio.

Se programó la cirugía laparoscópica, con la “posibilidad” de realizar un Whipple, según la naturaleza invasiva y el alcance del cáncer. Terminé teniendo una pancreatectomía distal laparoscópica de cuatro horas y media de duración en la que se extirpó el 60 por ciento del páncreas, una esplenectomía y la extirpación de 12 ganglios linfáticos (cinco mostraban células cancerosas). El cáncer estaba en estadio IIb, y mis márgenes quirúrgicos estaban libres de cáncer. Me mantuvieron en el hospital durante cuatro días.

Durante mi recuperación de la cirugía, se formó un seudoquiste pancreático, un derrame del líquido pancreático en el abdomen que el cuerpo aísla para proteger a los otros órganos. Me insertaron dos stents por el estómago en el seudoquiste para permitir que drenase hasta que sanara el derrame quirúrgico.

Quimioterapia, radiación y más quimioterapia

El 2 de septiembre de 2014, comencé quimioterapia con Gemzar (gemcitabina) durante 13 semanas, con intervalos de 3 semanas con tratamiento y una semana sin tratamiento, para permitir que se recuperase la sangre. Después de la primera sesión con Gemzar, tenía muchas llagas bucales en las encías y los labios, que desaparecieron a la semana. Aparte de cansancio leve, no tuve efectos secundarios y pude regresar a cuidar a mi esposa y hacer ejercicio regularmente en el gimnasio.

En enero de 2015, comencé seis semanas y media de quimiorradiación. Recibí radioterapia en la cama quirúrgica pancreática de lunes a viernes durante 45 minutos, junto con una infusión continua (por medio de una bomba) de 5-FU durante las seis semanas y media. Este tratamiento provocó efectos secundarios más notorios, pero continué con el cuidado de mi esposa y yendo al gimnasio, aunque hacía ejercicios más livianos.

A finales de febrero de 2015, retomé 13 semanas adicionales de Gemzar (gemcitabina) con el mismo cronograma que el pasado septiembre. Completé todos los tratamientos el 15 de junio de 2015. Una vez que el tratamiento terminó, tuve una úlcera duodenal, que seguramente provocó la radiación.

La vida después del tratamiento del cáncer de páncreas

Desde que completé el tratamiento, no tuve recurrencia del cáncer. Inicialmente, tenía citas para realizarme tomografías computarizadas y de oncología cada tres meses, pero ahora me hago tomografías cada seis meses. Me hago un panel de análisis de sangre completo cada tres meses para controlar el marcador del cáncer de páncreas CA 19-9. Continúo con mi rutina de ejercicios. Me han dicho que mi respuesta excepcional en la lucha contra el cáncer de páncreas (la cirugía, la quimioterapia, la quimiorradiación y los otros procedimientos) se debió a mi estado físico excepcional antes de la cirugía y el continuo ejercicio durante el tratamiento.

Estoy vivo gracias a mi fe, buenos médicos y el apoyo de mi familia. Retribuyo estas bendiciones ofreciéndome como voluntario a contar mi historia. Presido un comité en Pierre, Dakota del Sur, para crear conciencia e informar al público sobre el cáncer de páncreas. También comparto lo que aprendí por tener cáncer de páncreas.

  • Construya una relación con su médico. Si él o ella no escucha, encuentre uno que sí lo haga.
  • No tenga miedo de pedir una segunda, tercera o cuarta opinión. La muerte no tiene vergüenza. Los médicos se pueden ofender, pero no se trata de sus vidas.
  • Los médicos dicen “no hay que mirar en Internet, son todas malas noticias”. No es verdad: hay que tomarse el tiempo para distinguir la información válida de la no válida. El cáncer de páncreas es el ENEMIGO. Para pelear contra este enemigo, tiene que saber contra quién está luchando.
  • Los oncólogos generales están demasiado ocupados para estar al día con los tratamientos actuales. Depende del paciente AYUDAR al oncólogo haciendo preguntas educadas sobre diversos tratamientos.
  • Busque ensayos clínicos, si es necesario. Y ofrézcase como voluntario en ensayos clínicos (si corresponde) para que los investigadores puedan encontrar qué impulsa el cáncer de páncreas y encontrar una cura.
  • No se dé por vencido. El tratamiento no es más difícil que el entrenamiento básico del ejército: lo sé porque soy veterano de Vietnam.
  • Ponga sus asuntos en orden: es lo más inteligente. Haga un testamento, haga una planificación patrimonial y hable con sus hijos.
  • Verifique sus antecedentes familiares de cáncer de páncreas. Si más de un familiar ha tenido la enfermedad, realice pruebas genéticas.

Lo más importante, no tenga miedo de tener miedo. El cáncer de páncreas es mortal. Está bien tener miedo. Pero. . . no deje que el MIEDO lo consuma.