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Afrontar el cáncer de páncreas y aprovechar el tiempo prestado

Afrontar el cáncer de páncreas y aprovechar el tiempo prestado
Laurel Coffey Photography

• A pesar de meses con dolor, el tumor fue difícil de detectar por su ubicación

• El perfil del tumor encuentra una mutación

• Tratamiento con FOLFIRINOX y luego FOLFOX

En enero de 2017, comencé a sentir un dolor leve en el cuadrante superior derecho del abdomen. Estaba a punto de cumplir 38 años.

Fue la misma semana que nació mi hijo y dos semanas antes de tomar mis exámenes orales para mi certificación como cirujano oral, la culminación de 15 años de educación superior y dos años de preparación para la certificación. Pensé que el dolor era por el estrés o una úlcera. Comencé los estudios de diagnóstico adecuados con un gastroenterólogo, incluidos medicamentos y una ecografía endoscópica, pero no encontraron nada. El dolor aumentó con el tiempo y para abril, el dolor iba desde la parte superior derecha a la parte superior izquierda del abdomen y estaba afectando la espalda.

El dolor era tan intenso que comencé a tener insomnio, y a veces llegaba a pasar cinco días sin dormir o comer a pesar del uso continuo de varios sedantes. Cuando podía dormir, el dolor me despertaba con frecuencia. Lamentablemente, tengo varias alergias, entre ellas al ibuprofeno, al acetaminofén y a la aspirina. Cuando un médico escucha esas tres alergias en un paciente que dice que tiene dolor, especialmente un paciente sin diagnóstico, piensa que es una persona que “busca drogas”. Esto hizo que fuera casi imposible conseguir alguna forma de analgésico. Además, en mi línea de trabajo yo coloco anestesia general a mis pacientes mientras realizo las cirugías; hubiera sido irresponsable y completamente peligroso trabajar bajo los efectos de analgésicos. Por lo tanto, lidié con el dolor lo mejor que pude.

Durante esa época, me sometí a varias pruebas y consulté con muchos médicos diferentes en mi hogar en Fairfax, Virginia. Además de las pruebas de diagnóstico para úlceras y una colonoscopia con el gastroenterólogo, consulté con mi médico de cabecera, un especialista en enfermedades infecciosas, un endocrinólogo/inmunólogo, un cirujano general, un neurólogo, un cardiólogo, un especialista en dolor y fui más de una vez al departamento de emergencias. Incluso me extirparon la vesícula en junio. Tomaba todo tipo de medicamentos, cambié mi dieta, pero nada aliviaba el dolor.

Comencé a perder el apetito y perder peso; perdí un total de 70 libras hasta el momento del diagnóstico. Cuando recibí el diagnóstico, estaba débil, con cierto grado de alteración cognitiva, casi en sillas de ruedas, lo que posiblemente se describe mejor como emaciación o caquexia.

Finalmente, un diagnóstico: cáncer de páncreas

Después de investigar en línea a diario, mi esposa encontró un médico en Johns Hopkins que hablaba de un problema raro de la vesícula que podía ser la causa del tipo de dolor que yo tenía. Conducimos a Baltimore y nos reunimos con el Dr. Anthony Nicholas Kalloo, experto en la disfunción del esfínter de Oddi. No creía que ese era el problema, pero me aseguró que descubriría lo que tenía. Al día siguiente, me hicieron una tomografía computarizada del abdomen. Mi esposa y yo fuimos a almorzar antes de salir de Johns Hopkins y recibimos un llamado del Dr. Kalloo para que regresáramos. Vio una masa en mi tomografía, que pensó que era un linfoma, así que programó una biopsia para la mañana siguiente. Una semana más tarde, obtuvimos los resultados: adenocarcinoma de páncreas.

Encontrar el tumor tomó más de siete meses de pruebas y citas con médicos. A pesar de todas las pruebas, el cáncer no apareció en ninguna imagen hasta casi dos meses después de que me extirparon la vesícula, debido a su ubicación. El tumor se originó en el borde externo del páncreas y creció en el tejido blando graso detrás del mismo, donde se desarrolló e involucró algunos nervios en la zona. Los tumores imprecisos en el tejido graso son difíciles de ver en las imágenes. Es por esto que mi dolor comenzó antes de que el cáncer se pudiera detectar con radiografías. Una vez que encontraron el tumor, se realizó el perfil del tumor y pruebas genéticas con la muestra de la biopsia.

El cáncer estaba en estadio IV. El tumor estaba creciendo desde la cabeza del páncreas, en la cavidad abdominal detrás del peritoneo, y había muy poca presencia del tumor dentro del páncreas. El tumor afectaba el tronco celíaco, la aorta abdominal, la arteria mesentérica superior y las arterias renales bilaterales. Había enfermedad metastásica presente desde el ganglio linfático de Virchow en el cuello hasta los ganglios linfáticos mesentéricos y retroperitoneales, además de una pequeña metástasis en el hígado.

Finalmente, me hicieron pruebas “por un millón de dólares” antes del diagnóstico. Mi esposa y yo ambos somos profesionales médicos con bastantes conocimientos sobre este tipo de cosas, más medios que la mayoría, y muchos amigos en la industria. Tuve suerte de tener los recursos para someterme a pruebas de diagnóstico que no estarían disponibles para la mayoría de las personas.

Recibir tratamiento

Las pruebas genéticas mostraron que tengo una mutación en el gen ATM, y se cree que los tumores con una mutación en el gen ATM también serán susceptibles a los tratamientos que son eficaces para el BRCA, como los medicamentos con platino. Comencé la quimioterapia con FOLFIRINOX, pero no la toleré bien, y sufría de cansancio y diarrea extremos, así que la cambiaron a FOLFOX. Un bloqueo del plexo celíaco ha eliminado el dolor.

Mis efectos secundarios son bastante típicos de un paciente con cáncer de páncreas, entre ellos, cansancio, diarrea, neuropatía, náuseas, depresión, insomnio, etc. Los he tolerado bastante bien con medicamentos. Tomo muchos medicamentos para controlar los síntomas, como dexametasona, loperamida, difenoxilato-atropina, duloxetina, budesónida, lidocaína, proclorperazina, metoclopramida y ondasetrón.

He vivido más tiempo que lo previsto originalmente y estoy contento de estar aquí con mi esposa y mis dos hijos pequeños. No mudamos de vuelta a nuestra ciudad de Columbus, Ohio, para contar con el apoyo de la familia. Me atiendo con el Dr. Jeffrey VanDeusen en The Ohio State University, pero todavía me mantengo en contacto con la Dra. Valerie Lee, mi oncóloga en Johns Hopkins, y mantengo a mi cirujano general allí, el Dr. Matt Weiss, al tanto de mi situación.


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